domingo, julio 19, 2009

Cecilia llegó con el relato nro. 10!!!!!!

..................................................................................................................................... Cuando Estela caminaba contoneando suavemente las caderas, sus cabellos ondulaban al compás de su propia música. Y todos se daban vuelta para verla. Hombres y mujeres, chicos y viejos. Es que Estela tenía además una sonrisa de imán y era de esas mujeres que desconocen cuáles son sus propios límites. Así la recordaba Héctor. Absolutamente radiante. Y eso también siempre lo había atraído y atemorizado al mismo tiempo. Quién diría que él, un hombre entregado por entero a la música, su pasión, siempre había recordado a Estela, en estos más de veinticinco años. En sus sueños, sus atardeceres, en otras mujeres, en sus amantes, siempre estaba Estela. Su vida hubiese sido muy distinta si aquel septiembre en que ella lo enfrentó con su retorno a Bahía Blanca, el hubiera tomado una decisión. Pero no pudo. Todavía recordaba la desilusión en los ojos de ella al escuchar su negativa a vivir una vida de rutina, hijos, responsabilidades. Eso era incompatible con su música. Así Estela volvió a su ciudad con título de profesora para estrenar y los sueños que juntó por dos años, deshechos. Y ahora Héctor estaba sentado en el banco de una plaza en Buenos Aires esperándola, veinticinco años más tarde. ¿Qué locura insensata estaba haciendo? ¿Qué lo había empujado como a un adolescente a acceder a ese encuentro? Quizás era sentir que los años se habían sucedido tranquilos, demasiado. Que tenía la piel ajada, los cabellos grises, un estómago prominente, algunos achaques, todo absolutamente previsible. Hasta que sonó el teléfono dos meses atrás, una voz que al principio no reconoció le dijo: -Hola, soy Estela. Su cuerpo se paralizó, el corazón le retumbó en las entrañas y todo su mundo planificado se le vino encima. Y allí estaba esperando a Estela como cuando tenía veinticinco años, con la misma ilusión y nerviosismo, absorto en sus recuerdos. Pero sintió una presencia y levantó la vista. Era Estela, ¡sí era Estela!. Exactamente igual de hermosa, con su mismo vaivén y esa sonrisa, no podía ser… pensó en su montaña de años encima y ella que estaba igual... Pensó en esconderse, en pretender que no era él. Pero no había salida, ella a pesar de su deterioro lo había reconocido e iba hacia él. -¿Hola! Sos Héctor, ¿no? Soy Mariana, la hija de Estela, ella ya viene, se retrasó un poco… sí, te reconocí por una foto… sí, mamá me habló de vos… sí… unos años después de que papá murió… sí, ahora viene… quiere que la esperes…
Héctor estaba tratando de recuperarse de tantas emociones y perdió algunas de las palabras de Mariana, pero pudo reaccionar para alegrarse, absolutamente, cuando llegó Estela, con sus años, sus arruguitas , algún kilo de más y su sonrisa de imán. Y también con la encantadora certeza ahora, de conocer algunos de sus límites. Cecilia: http://poemasenlabahiasalitrosa.blogspot.com/
gracias Cecy por tu participación!!!! susuru

7 comentarios:

Molo dijo...

http://molo-molo.blogspot.com/2008/10/amigos.html#comments

ROBERTO dijo...

Bien podría ser la historia de mi vida,este relato que firma Cecilia.
Felicito a la escritora.

Cecilia dijo...

Hola Roberto, quise responderte en tu blog, pero vi que tenés abierto sólo el perfil, asique lo hago por aquí. Gracias por tu comentario, es un estímulo. Te saludo con afecto por ser amigo de Susuru.

dondelohabredejado dijo...

Mis felicitaciones a esta bahiense por su relato!! Me ha encantado el estilo, ni bien tenga un tiempo pasaré a visitar su blog.
Un abrazo.

JoLuis dijo...

Excelente!!!
mis felicitaciones a la autora del relato

.L Grrrl. dijo...

Me ha encantado, en serio, :).

Rorry_la Charo dijo...

Un retrato fidedigno de la vida. Con sus temores. Al compromiso, al cambio, a jugarse por un sueño y el arrepentimiento de no haberlo hecho. Pero, como sucede muchas veces..."La vida brinda otra oportunidad"
Ojalá siempre tengamos el valor de jugarnos por este nueva oportunidad.
Muy buen relato