jueves, septiembre 11, 2008

Absurdo. Cuento de: Susuru

Dicen por ahí que los argentinos a todo lo ponemos en letras de tango. Esta historia tiene reminiscencias de la infancia de Adela, una mujer de cuarenta y pico, nacida, criada y educada en los campos de Madariaga, en la provincia de Buenos Aires, ciudad en la cual vive actualmente. Su abuela materna, de 87 años, compartía con ella la vivienda familiar. Y todas las tardes, a la hora que se reunían a tomar el té con sus masitas predilectas, pan casero, manteca y mermelada de frambuesas o ciruelas una y otra vez relataba anécdotas de su juventud con esa insistencia que tienen los viejos cuando pierden lo presente y recuerdan lo pasado. Y todas las tardes, Adela, con una paciencia y cariño enorme por esa abuelita chiquita, frágil, delgadita y un poco sorda, escuchaba una vez más la misma historia. Con ojitos brillantes y vivaces, la viejecita recordaba con lujo de detalles a Manolo, el novio gallego, peón de campo muy pobre que ella amaba intensamente y que no pudo ser su compañero de vida. La familia, había dispuesto para ella como marido, un hacendado de la zona con muy buen pasar económico y con el que terminó casándose a los 18 años y tuvo sus cuatro hijos. Mariquita Paz Herrera, se convirtió en la esposa de Nicomedes López Casares, para lamentarlo toda su vida. En el momento de morir...recordó a aquel... el que no pudo ser.
Imagen: "El casamiento de Ramona" de Antonio Berni
tango absurdo adriana varela

8 comentarios:

Antiqva dijo...

La verdad es que estas cosas siempre llegan al alma...

Yo no creo que en estos tiempos modernos estas cosas sigan pasando.

En 100 años alguien diria que la humanidad avanzo 1.000 o 2.000, aunque tampoco se sabe a donde nos dirigimos en ese avance

Un abrazo, amiga

Monotributo dijo...

hay silencios que duelen y el tuyo es uno de ellos..para tu ego PRINCESA si YO el dueño de la humildad y modestia

SUSURU dijo...

Antiqva: que hayas llegado hasta aquí, justamente en este post que escribí con el corazón, y tú que eres un verdadero poeta, me has hecho poner colorada como un tomate.
Qué puedo acotarte? que en estos tiempos no haya casamientos arreglados es casi una certeza. Pero el amor...ahhh el amor, siento que cuando es verdadero no se olvida y permanece como un tesoro, tal como le ocurrió a la protagonista del cuento.

Un abrazo enorme!!!!

SUSURU dijo...

monotributo: me llamas PRINCESA, me hablas de mis silencios, todo esto suena a cuento de hadas y duendes. Eres uno de ellos? te conozco?..quizás aparezcas en mis sueños.
A decir verdad, con el nombre que tienes, llegan hasta aquí fragancias argentinas de alguien que imagino dedicado a cobrar o pagar impuestos.

Probablemente puedas hacerme la próxima declaración jurada.

Y para que no te duela mi silencio, dime dónde puedo hallarte....personaje lleno de misterio...

JOP dijo...

Los mandatos serán siempre mandatos, para algunos, inexorables. Tal vez sea eso también parte de la condición humana: Ser en función de lo que determinan otros.

El relato deja un regusto amargo.

Besos.

petitapetitesa dijo...

Me haces acordarme de las historias que me contaban mis abuelos, me fascinaban, éramos nosotros los que pedíamos una y otra vez que nos contaran las que más nos gustaban.
Después de leer tu cuento, reconozco que mis preferidas eran las tristes y dramáticas, y aun hoy en día, cuando recuerdo, suelen ser las que más nítidamente guardo en la memoria. Es posible que porque fueran las que se contaban con más pasión o quizás porque eran las que ellos recordaban con más anhelos.


Besos (me gusto muchisimo el cuento)

SUSURU dijo...

Jop: como la vida misma, es este cuento. Y el sabor que deja, será según quien lo saboree, momento y lugar.
besos

SUSURU dijo...

Petita: la vida de cada una de nosotras/os está marcada por la historia que nos han dejado nuestros antecesores sumado a lo que hemos vivido y las circunstancias que hemos atravesado.
Para mí, eso es lo que nos define coo más alegres, tristes, nostalgiosos. Y a la vez siento que se puede vivir con un poquito de cada cosa y no morir en el intento.

Compartes conmigo nueces para el amor y aceitunas para el olvido.

Siempre hay en mi casa esos ingredientes muy a mano para compartir según las necesidades.

Besos con sabor a nueces para el amor.