jueves, mayo 31, 2007
Más fuego, más viento. Fragmento Susana Tamaro.
"...Quizás ese lugar nos ha atraído como un imán desde el principio. Era allí que teníamos que ir, y es allí dónde fuimos a parar casi sin saberlo, sobre las escarpadas pendientes gargánicas de Monte Sant·Angelo.
Mi madre había oído hablar de ese lugar; en cambio yo no sabía ni que existía.
Nunca he sentido simpatía por los ángeles ni por cosas de ese estilo. No obstante debo decir que, al bajara la cueva, he sentido algo extraño. Algo que se parecía al azoramiento..."
miércoles, mayo 30, 2007
¿Por qué las máscaras....? Susana Tamaro
“¿Por qué las máscaras nos producen una sensación de angustia a algunos de nosotros? ¿Te lo has preguntado alguna vez? Yo sí.
La máscara es una cosa que se coloca sobre la cara. Una cosa que nos esconde, dándonos una identidad distinta. Pensándolo bien, las máscaras de carnaval son las más inocuas por su declarada falsedad. Otros son los peligros que se esconden tras las máscaras cotidianas, las que nos ponemos para aceptarnos, para que se nos acepte, para ocultar nuestra naturaleza más profunda.
Una cosa de la que te darás cuenta con el paso de los años es que la calidad de la vida incide de manera sorprendente en nuestros rasgos.
Ciertamente, también contribuyen a ello, la alimentación, el estrés, la dureza de las pruebas, pero éstas producen marcas leves.
Lo que crea surcos imborrables es la intensidad de la vida interior.
Con veinte años somos todos “guapos”, pero a los cuarenta nuestra cara empieza a hablar de manera elocuente.
¿Qué sentimientos hemos cultivado?: ¿la rabia, la envidia, la competitividad, el egoísmo, la desidia, o la fuerza del amor y la generosidad?
Entre la vida del justo y la del impío ¿cuál hemos escogido?
¿Habla nuestra mirada de la plenitud del corazón o son sólo nuestros labios los que lo hacen?
Nuestro corazón puede estar hundido en la confusión, en la oscuridad y, a pesar de ello, nuestra boca puede hablar de sentimientos elevados, de amor, de fe, de justicia.
Es una de las peores máscaras. La del hombre recto, del devoto, que crea más desconcierto en quien está buscando su camino con honestidad…”
Fragmento del libro: "Más fuego, más viento"
CONFESIÓN. Paul Geraldy
infeliz, exigente, que razones no escucho;
que siempre estoy buscándote querellas sin motivo;
¡y crees que no te quiero..y es que te quiero mucho!
Te busco, te regaño, y hago tu vida triste..
.Serías más dichosa, por todos consentida,
si para mi no fueras cuanto en el mundo existe,
y si este amor no fuera todo el bien de mi vida.
¡Si tú me amaras, y si yo te amara,
cuánto te amaría!
martes, mayo 29, 2007
Non, Je ne regrette rien
Non, rien de rien, non, je ne regrette rien
ni le bien qu`on m`a fait, ni le mal
tout ca m`est bien egal
non, rien de rien, non, je ne regrette rien
c`est paye, balaye, oublie, je me fous du passe
Avec mes souvenirs j`ai allume le feu
mes shagrins, mes plaisirs,
je n`ai plus besoin d`eux
balaye les amours avec leurs tremolos
balaye pour toujours
je reparas a zero
Non, rien de rien, non, je ne regrette rien
ni le bien qu`on m`a fait, ni le mal
tout ca m`est bien egal
non, rien de rien, non, je ne regrette rien
car ma vie, car me joies
aujourd`hui ca commence avec toi
lunes, mayo 28, 2007
Dietética. Oliverio Girondo
Hay que ingerir distancia,
Lanudos nubarrones,
Secas parvas de siesta,
Arena sin historia,
Llanura,
Vizcacheras,
Caminos con tropillas,
De nubes,
De ladrillos, de
Briosa polvareda.
Hay que rumiar la yerba,
Que sazonan las vacas
Con su orín,
Y sus colas;
La tierra que se escapa
Bajo los alambrados,
Con su olor a chinita,
A zorrino,
A fogata,
Con sus huesos de fósil,
De potro,
De tapera,
Y sus largos mugidos
Y sus guampas, al aire,
De molino, de toro…
Hay que agarrar la tierra,
Calentita o helada,
Y comerla,
Comerla!!!
domingo, mayo 27, 2007
Estados de ánimo. Mario Benedetti
A veces me siento
Como un águila en el aire.
(de una canción de Pablo Milanés)
Unas veces me siento
Como pobre colina
Y otras como montaña
De cumbres repetidas
Unas veces me siento
Como un acantilado
Y en otras como un cielo
Azul pero lejano
A veces uno es
Manantial entre rocas
Y otras veces un árbol
Con las últimas hojas
Pero hoy me siento apenas
Como laguna insomne
Con un embarcadero
Ya sin embarcaciones
Una laguna verde
Inmóvil y paciente
Conforme con sus algas
Sus musgos y sus peces
Sereno en mi confianza
Confiado en que una tarde
Te acerques y te mires
Te mires al mirarme.
jueves, mayo 24, 2007
Sueños. Paolo Quattrini
Quisiera hacer una demostración y luego teoría, porque generalmente la teoría impide el trabajo o lo hace más difícil. Entonces, si hay alguien que quiere trabajar un sueño...El trabajo con sueños dentro de la teoría gestáltica tiene una característica, es decir, no hay un trabajo de interpretación. Dentro de la tradición fenomenológica no se puede hablar de símbolos, se puede hablar de metáforas pero no de símbolos. Entonces lo que hay es algo vivencial, un sueño. . En el trabajo con un sueño, no puede ser, en un corte gestáltico, una interpretación del sueño, sino un desarrollo vivencial del sueño mismo; y en esta línea vamos a trabajarlo.
Es un Entonces lo que decía era: Dios mío! La planta baja y el 1 er. piso (yo vivo en el 2do. piso) ya están completamente cubiertas! Hasta ahí. - ¿Este es el sueño? - Si - ¿Qué sientes cuando te despiertas del sueño, qué emociones y sensaciones sientes despertando?- Qué raro, ¿qué será esto cubierto completamente de agua ?- Es decir que una emoción, si es una emoción, la emoción tiene un nombre, un nombre ,¿qué nombre tendría esa emoción? - Esto es un presagio de algo difícil. Es una emoción de temor.- ¿Sientes temor, angustia o algo así?- Si- Bueno, y ¿qué te gustaría adquirir trabajando este sueño? ¿esta angustia es algo que quieres perder? ¿qué quieres hacer con esta angustia?- En realidad a mi me gustaría profundizar el mensaje transmitido en el sueño.- Eso es lo que quería decir cuando he dicho que dentro de la tradición gestáltica no se puede hablar de símbolos, se puede hablar de metáforas. Se habla tal vez del mensaje del sueño, pero entre comillas mensajes. El sueño no tiene un mensaje. El sueño es una vivencia que se puede desarrollar de una manera o de otra. Entonces, el sueño como cualquier vivencia, deja una emoción, deja un estado emocional, cuando uno se despierta, deja un estado emocional, y como cada vivencia deja un estado emocional que te gusta o un estado emocional que no te gusta y un trabajo vivencial sería empezar a desarrollar y seguir adelante en la direeción que tu quieras. - Bueno, hay una parte más en el sueño que me olvidé de decir y es que yo digo: No hay más posibilidades de seguir acá, hay que salir de acá. - ¿La pregunta que te he hecho te pone incómoda o que? - Sí- ¿Por qué? ¿Qué hay de incómodo? - Bueno, estoy delante de gente. Lo que sí quisiera ver es de este sueño para adelante, pero no profundizar demasiado en lo que está alrededor mío. (risas) - Este es el problema. Cuando me habían dicho que había mucha gente, lo que he comentado es que el problema no es mío, es para quien tiene que trabajar el sueño delante de tanta gente.- Bueno, entonces voy a contar otro sueño, otro cortito que tuve hace un mes. (risas)- OK. Quiero comentar una cosa. Lo que estamos haciendo en este momento es trabajar a partir del sueño; no quiere decir que tenemos que trabajar el sueño a todo precio. Trabajamos lo que hay a partir del sueño. Si se puede trabajar un sueño, mejor: si del sueño vamos a otra parte, vamos a otra parte. Entonces esta bien que quieras cambiar de sueño, por lo que está pasando es que estás intentando adaptarte a la situación que hay, de integrar dentro de esta experiencia que estas haciendo, el hecho que hay tanta gente que está mirando y escuchando. - Yo estaba en la vereda y a mi derecha había una puerta grande de entrada a un edificio; al frente había una línea de autos estacionados, de color negro, y a mi izquierda se estaciona una ambulancia; cuando la veo llegar, me veo bajar de la parte de atrás. Entonces en la medida que me acerco a mi misma y me voy mirando, una voz me dice: Viene para. que la acompañes a morir, son sus últimos días. Y ahí termina el sueño.- ¿Con que estado de ánimo.- Si, sentí mucha angustia y dije bueno, tengo que empezar a trabajar porque debo estar muy enferma y me voy a morir pronto.- Te despiertas con mucha angustia. ¿Qué quieres hacer con esta angustia? - No sé. (risas) - Tienes que elegir, no saber. - Bueno, quiero liberarme de esta angustia.- Mirá, ¿porqué ha sido tan difícil elegir el liberarte de la angustia?- Porque no es un ámbito muy privado éste para comenzar a encadenar las cosas. Entonces obviamente yo tendría que hacerlo y no quiero. - Entonces ¿estás segura de que quieres trabajar el sueño? (risas) .Este es un poco el problema, el trabajo de los sueños es una dirección vivencial, es una cosa íntima, muy privada; entonces no se si querés verdaderamente entrar dentro de algo muy privado, en esta situación... - Esta parte me animo; este sueño creo que puede tener otros... - De acuerdo, entonces querés liberarte de esta angustia. Pero esperá un poco; ¿qué es lo que te da angustia?, ¿de dónde sale la angustia dentro del sueño...?- De qué me voy a morir, se acabó el tiempo... - Te vas a morir y se acabó el tiempo; ésto te angustia. ¿Qué sería necesario?, ¿qué te falta para perder esta angustia? Tu angustia es un miedo, es una emoción de la familia del miedo y lo que sirve al miedo para desaparecer es una defensa. Y ¿qué sería una defensa ante esta angustia, una defensa bastante fuerte?- Yo me quedo con la otra parte que usted me dijo; ¿ qué necesitaría para que esta angustia se fuera ? Soltarme, no importa que me muera, si viene que venga...- Sí, esa es una posibilidad, la aceptación de la muerte. ¿Es la única posibilidad o hay otra?- Para la muerte no se me ocurre ahora...- Para el sueño, no para la muerte. - Soltar la angustia de la muerte.- Soltar la angustia que el sueño te deja. Uno acepta la muerte, no hay otra solución.- Pero no entiendo qué me pregunta.- Si hay otra solución para acabar con la angustia que este sueño te produce. Una solución sería aceptar la posibilidad de la muerte.- Sí, no se si hay otra solución, esa es la que entendí.- Bueno, hay otra solución muy simple, y es que fuera un falso anuncio. ¿Cuál te parece más fácil de lograr?- Que fuera un falso anuncio.- Y podría ser que fuera un falso anuncio?- Sí, podría ser.- ¿Y de dónde sacás la idea de que era un falso anuncio?- De que no me voy a morir completa, porque si vengo yo para que me acompañe a morir, quiere decir que yo también voy a estar viva para acompañarme.- Yo lo sacaba del hecho de que estás viva aquí, en este momento. (risas) Entonces, mirá un poco que te faltaría para que pudieras darte cuenta que es un falso anuncio. - No sé.- Tratá de imaginar.- Tengo muchos proyectos, estoy viviendo un tiempo muy hermoso.- ¿Qué es lo que te dice que el anuncio es verdadero? ¿De dónde sacás la idea de que el anuncio es verdadero?- Es una posibilidad para cualquiera poder morirse...- Si, de acuerdo, un día u otro vamos a morir todos. Pero ésto es una cosa y otra cosa es el anuncio; una voz te dice: te vas a morir.- Sí- ¿Qué te falta para no creerlo?- Usted me está hablando de la parte emocional, ¿ qué me falta adentro ?- ¿Qué te falta a ti como persona para creer a las voces que te dicen: Esta va a ser tu última noche. ? ¿Qué te falta?- No se qué quiere preguntarme.- Bueno quiero preguntarte ésto. ¿ Tú estás en un estado de angustia porque una voz dentro de tí dice que ésta es tu última noche, y tu le crees?. Imagino que no es obligatorio creerle. Creo que te falta algo para poder no creerle. Me pregunto y te pregunto, ¿qué podría llevarte a no creerle a esta voz que te habla? - No le creo del todo porque hay muchas cosas muy vivas , que estoy sintiendo mucho más vivas que nunca dentro mío. Esto podría responderle.- ¿A ti te parece?. ¿Es suficiente para defenderte de esta voz o no? - Sí- ¿Qué respondería esta voz si tu le dijerás: Bueno, yo no voy a morirme, me siento más viva que siempre. ? ¿Qué hubiera respondido esta voz? - Bueno, te estoy diciendo que la acompañes a morirte, porque es solamente una parte la que se está muriendo, porque otra está cada vez más viva.- ¿Y qué sientes tu escuchando esto? - Mucha alegría.- Y pensando el sueño en este momento, ¿sientes la misma angustia? ¿Más o menos?- No, menos.- Entonces se ha modificado.- Si.- ¿Se ha modificado bastante, o quieres más?- Más.- ¿Qué podrías decirle a esta voz que te anuncia la muerte de una parte de ti, dándote un poco de angustia?- ¿Para qué vienes a decirme ésto ahora?- ¿Qué quiere decir con, me venís a decir ésto ahora, el foco en el ahora o en el decirte ésto? ¿Quieres que te lo diga mañana o quieres que no te lo diga para nada? - En el qué me venís a decir ésto.- Ah! Contéstale.- Es bueno que sepas como estás por dentro - Es bueno que sepas como estar por dentro. ¿Qué respondes tú a eso? - ¿ Por qué es bueno que sepa eso ?- ¿Qué quieres decir, que no estás de acuerdo; que está bueno o que no estás de acuerdo?¿Para tí es bueno o no es bueno?. Ella te dice: Es bueno. ¿Estás de acuerdo con ésto o no?- Si, pero quisiera saber más porque es bueno que sepa ésto.- Sí al cien por cien o sí al 50 por ciento?- Es bueno que sepa ésto. ¿Para qué es bueno que sepa esto ?- Si tu dices que es bueno, tu sabes porque es bueno.- Si, y quisiera saber más.- Explícale que quisieras saber más. - ¿A la voz?- Sí- ¿Qué es lo que se está muriendo? ¿Qué es lo que voy a morir?- Ah! ¿qué es lo que esta muriendo, qué es lo que voy a morir? ¿Y qué responde la voz?- Se va a morir el pasado, se va a morir la pobreza.- Empieza de nuevo.- ¿Qué sientes tú ante este anuncio? - Mucha alegría.- ¿Es distinto de antes? - Si.- ¿Cómo te sientes en este momento? - Más relajada.- Y si pudieras hablar sin comparativos, sin más ni menos. De manera absoluta y liviana, definitiva, trascendente, ¿cómo te sientes? - Bien.- Y si miras el sueño en este momento, ¿cómo está tu angustia?- Tranquila, no hay.- Bueno, me parece que en este momento tienes una emoción, pareces bastante, conmovida para lo que has encontrado. Puede que quieras hablar de ésto o puede que quieras guardar ésto para ti. Como prefieras. Bueno, muchas gracias, ha sido un placer. Gracias por la colaboración y por el coraje que has tenido para enfrentarte a una cosa tuya, íntima, ante un público desconocido. Dentro de la tradición gestáltica, mi propuesta es de no utilizar para nada la interpretación. Porque dentro de la tradición gestáltica, no tenemos ningún marco para contener la interpretación. El único marco que se acerca un poco a ésto es la vivencia del sueño como metáfora. Perls proponía contar el sueño y al final, no sé si directamente Perls o la técnica, pero bueno, hay una técnica gestáltica que consiste en contar el sueño y a cada parte del sueño seguir diciendo "y ésta es mi vida". Esto no es una elaboración simbólica, es una elaboración metafórica. Es decir que no se interpreta para nada el sueño , el sueño no significa nada, pero el sueño llama, evoca, metaforiza algo de tu vida. Es muy diferente, porque el tratamiento simbólico es rígido. Esto soy yo, ésto es ésto. El tratamiento del sueño como metáfora es...mirá, esta situación del sueño me recuerda algo de mi vida... A este punto, sueño y vida se van cada uno en en partes distintas y la vida no está contenida y cerrada dentro del sueño. Esto hace una diferencia total, porque el problema del símbolo es que si no es bien manejada la interpretación, mata la vivencia del sueño, la vivacidad del sueño. Entonces lo que tienes luego, antes tenías algo que te perturbaba, los sueños son como visionismos, mitos poéticos. Es decir que activan una cosa dentro de ti. Si la ponés dentro del contenido de símbolos, se quedan como joyas adentro de una cavidad cerrada, donde no se ve más la luz. Y ésto satisface nuestra necesidad profunda, grandísima de tener, de poseer, poseer hasta el precio de matar lo que poseemos; como tener un pájaro en la mano y para que no se escape, matarlo. Esto es una necesidad, una tendencia, que Fromm había descripto como la alternativa entre tener y ser. Que sería un poco desde un punto de vista político social, la diferencia entre la sociedad de los consumos o la sociedad capitalista, de una cultura de la experiencia, que sería un poco lo que estamos intentando hacer con la gestalt y que seguramente fue lo que empujaba a Perls a diferenciarse del movimiento freudiano. El buscaba un enfoque psicoterapéutico que no matara la vivencia, el mundo interior, y pensaba que el movimiento freudiano que inicialmente había sido un movimiento de liberación, se estaba convirtiendo en un movimiento de contención, contención adentro de conceptos, símbolos e interpretaciones, de lo que digamos es dionisíaco del ser humano. El sueño es vida, exactamente es ésto. Desde el punto de vista existencialista o fenomenológico, el sueño es simplemente una experiencia. Generalmente, las emociones en el sueño son además más agudas que en las experiencias de día y como cuando vas a ver una película hace parte de tu vida; no es que cuando ves una película crees que no estás viviendo, estás viviendo en el cinema. Así, el sueño es un tipo de vivencia que se acerca un poco a mirar una película, porque toda la vivencia emocional pasa a través de los ojos, normalmente pasa a través de los ojos, de los oídos también; no hay tacto y no hay otras cosas. El sueño es igual; hay partes de la experiencia de día, faltan otras partes, pero es una experiencia, una parte de tu vida. La posición que tomo haciendo preguntas durante el trabajo con el sueño es una posición como si el sueño no fuera algo que está fuera de tu vida y que no se puede tocar. Como si fuera una unidad absoluta e intocable que está fuera de tu vida y que sale de otro espacio y situación con la cual no se puede interactuar. Yo lo tomó exactamente como si fuera una parte de tu vida, ha pasado así, podría haber pasado de otra manera. . ¿Qué falta para pasar de otra manera? En este estilo de trabajo, qué es una manera de trabajar, partir desde la emoción del sueño es lo más importante además del sueño. El sueño es lo que lleva hasta la emoción , pero el contenedor del sueño es la emoción. Como el contenedor de una experiencia cuando vas a ver una película, el contenedor de esta experiencia es lo que te deja al fondo. Además, cuando sueñas y te despiertas, no sabes si recuerdas todo o no recuerdas todo, pero la emoción que te queda al final, comprende todo. Porque no es que si tu te olvidas de una parte de la película, la emoción que vives al final de una película es distinta, la emoción, el contenido,...Así esto es muy importante para trabajar un sueño, no necesita para nada que sea un sueño grande, extenso, lleno de cosas, lleno, bello. No necesita casi nada. Sólo la emoción que uno tiene despertándose. Y desde esta emoción podemos trabajar el sueño, porque se estructura el sueño a partir de la emoción. Por ejemplo uno dice, siento angustia cuando me despierto. Bien. ¿Angustia cómo qué? ¿Angustia como si te han dicho que vas a morir, como si tienes que dar una asignatura y no te has preparado, angustia como si te han cortado una mano? ¿Angustia cómo? Y habitando la emoción, tiene un montón de matices y desde los matices se pueden estructurar un montón de imágenes en vía asociativa y construir el sueño que está adentro del contenedor. Ahora, ¿ésto qué significa? Significa que en este corte , las imágenes son paradigmas de la emoción y no la emoción paradigmas de las imágenes. Es un corte totalmente distinto de lo que ser un enfoque freudiano o junguiano. Pero ésto deviene del hecho de que en este corte es importante la vivencia, la sensación, la emoción. Entonces, las imágenes sirven para producir emociones, no las emociones son secundarias a las imágenes como se ve en un corte freudiano. Son buenos los dos cortes eh! Simplemente es una manera de mirar, una manera de empezar el encuentro. Lo que no funciona, repito, es desde mi punto de vista, es pasar del uno al otro sin darse cuenta.
miércoles, mayo 23, 2007
Calidoscopio. Ray Bradbury
El primer impacto rajó la nave como si fuera un gigantesco abrelatas. Los hombres fueron arrojados al espacio, retorciéndose como una docena de peces fulgurantes. Se diseminaron en un mar oscuro mientras la nave, convertida en un millón de fragmentos, proseguía su ruta semejando un enjambre de meteoritos en busca de un sol perdido.
-Barkley, Barkley, ¿dónde estás?
Voces aterrorizadas, niños perdidos en una noche fría.
-¡Woode, Woode!
-¡Capitán!
-Hollis, Hollis, aquí Stone.
-Stone, soy Hollis. ¿Dónde estás?
-¿Cómo voy a saberlo? Arriba, abajo... Estoy cayendo. ¡Dios mío, estoy cayendo!
Caían. Caían, en la madurez de sus vidas, como guijarros diminutos y plateados. Se diseminaban como piedras lanzadas por una catapulta monstruosa. Y ahora en vez de hombres eran sólo voces.
Voces de todos los tipos, incorpóreas y desapasionadas, con distintos tonos de terror y resignación.
-Nos alejamos unos de otros.
Era cierto. Hollis, rodando sobre sí mismo, sabía que lo era y, de alguna forma, lo aceptó. Se alejaban para recorrer distintos caminos y nada podría reunirles de nuevo. Vestían sus trajes espaciales, herméticamente cerrados, sus pálidos rostros ocultos tras las placas faciales. No habían tenido tiempo de acoplarse las unidades energéticas. Con ellas, habrían sido pequeños botes salvavidas flotando en el espacio. Se habrían salvado, habrían salvado a otros, habrían encontrado a todos hasta unirse para formar una isla de hombres y pensar en alguna salida. Pero ahora, sin las unidades energéticas acopladas a sus hombros, eran meteoritos alocados encaminándose hacia destinos diversos e inevitables.
Pasaron diez minutos. El terror inicial se apagó, dando paso a una calma metálica. Sus voces extrañas empezaron a entrelazarse en el espacio, un telar inmenso y oscuro, cruzándose y volviéndose a cruzar hasta formar el tejido final.
-Stone a Hollis. ¿Cuánto tiempo podremos hablar por radio?
-Depende de tu velocidad y la mía.
-Una hora, supongo.
-Algo así -dijo Hollis, pensativo y tranquilo.
-¿Qué sucedió? -preguntó Hollis al cabo de un minuto.
-El cohete estalló, eso es todo. Los cohetes estallan, ¿sabes?
-¿Hacia dónde caes?
-Creo que me estrellaré en el Sol.
-Yo en la Tierra. De vuelta a la madre Tierra a quince mil kilómetros por hora, arderé como una cerilla.
Hollis pensó en ello con una sorprendente serenidad. Le parecía estar separado de su cuerpo, viéndolo caer y caer en el espacio, con la misma tranquilidad con la que había visto caer los primeros copos de nieve de un invierno muy lejano.
Los otros guardaban silencio. Pensaban en el destino que les había llevado a esto, a caer y caer sin poder hacer nada para evitarlo. Hasta el capitán callaba, porque no había orden o plan que pudiera arreglarlo todo.
-¡Oh, esto es interminable! ¡Interminable, interminable! -exclamó una voz. ¡No quiero morir, no quiero morir! ¡Esto es interminable!
-¿Quién habla?
-No lo sé.
-Creo que es Stimson. Stimson, ¿eres tú?
-Esto es interminable y no me gusta. ¡Dios mío, no me gusta nada!
-Stimson, aquí Hollis. Stimson, ¿me oyes?
Una pausa. Seguían separándose unos de otros.
-¿Stimson?
-Sí -replicó por fin.
-Stimson, tranquilízate. Todos tenemos el mismo problema.
-No quiero estar aquí. Me gustaría estar en cualquier otro sitio.
-Hay una posibilidad de que nos encuentren.
-Si, sí, seguro -dijo Stimson-. No creo en esto, no creo que esté sucediendo realmente.
-Es una pesadilla -dijo alguien.
-¡Cállate! -ordenó Hollis.
-Ven y hazme callar -contestó la voz. Era Applegate. Se reía con toda tranquilidad, sin histeria-. Ven y hazme callar.
Por primera vez, Hollis sintió su impotencia. La cólera se adueñó de él porque en aquel momento deseaba, más que ninguna otra cosa, herir a Applegate. Había esperado muchos años para poder hacerlo..., y ahora era demasiado tarde. Applegate era únicamente una voz radiofónica.
¡Y seguían cayendo y cayendo!
Dos de los hombres se pusieron a gritar, de repente, como si acabaran de descubrir el horror de su situación. Hollis vio a uno de ellos, en una pesadilla, flotando muy cerca de él, chillando y chillando.
-¡Basta!
El hombre estaba casi al alcance de su mano. Gritaba enloquecido. Nunca se callaría. Seguiría chillando durante un millón de kilómetros, mientras se encontrara en el campo de acción de la radio. Fastidiaría a todos los demás e impediría que hablaran entre sí.
Hollis alargó la mano. Era mejor así. Hizo un último esfuerzo y tocó al hombre. Se agarró a su tobillo y fue desplazando la mano hasta llegar a la cabeza. El hombre chilló y se retorció como si estuviera ahogándose. Sus gritos llenaron el universo.
"Da lo mismo -pensó Hollis-. El Sol, la Tierra o los meteoros lo matarán igualmente. ¿Por qué no ahora?"
Hollis aplastó la placa facial del hombre con su puño metálico. Los gritos cesaron. Se apartó del cadáver y lo dejó alejarse siguiendo su propio curso, cayendo y cayendo.
Hollis y los demás seguían cayendo sin cesar en el espacio, en el interminable remolino de un terror silencioso.
-Hollis, ¿sigues ahí?
Hollis no contestó. Una oleada de calor inundó su rostro.
-Aquí Applegate otra vez.
-¿Qué hay, Applegate?
-Hablemos. No podemos hacer otra cosa.
El capitán intervino.
-Ya es suficiente. Tenemos que encontrar una solución.
-Capitán, ¿por qué no se calla?
-¿Qué?
-Ya me ha oído, capitán. No pretenda imponerme su rango, porque nos separan quince mil kilómetros y no tenemos que engañarnos. Tal como dijo Stimson, la caída es interminable.
-¡Compórtese, Applegate!
-No quiero. Esto es un motín de uno solo. No tengo una maldita cosa que perder. Su nave era mala, usted un mal capitán, y espero que se ase cuando llegue al Sol.
-¡Le ordeno que se calle!
-Adelante, vuelva a ordenarlo. -Applegate sonrió a quince mil kilómetros de distancia. El capitán no dijo nada más-. ¿Dónde estábamos, Hollis? Ah, sí, ya recuerdo. También te odio a ti. Pero tú ya lo sabes. Hace mucho tiempo que lo sabes.
Hollis, desesperado, cerró los puños.
-Quiero confesarte algo -prosiguió Applegate-. Algo que te hará feliz. Fui uno de los que votaron contra ti en la Rocket Company, hace cinco años.
Un meteorito surcó el espacio. Hollis miró hacia abajo y vio que no tenía mano izquierda. La sangre brotaba a chorros. De repente, advirtió la falta de aire en su traje. El oxígeno que conservaba en los pulmones le permitió, sin embargo, hacer un nudo a la altura de su codo izquierdo, apretando la juntura y cerrando el escape. La rapidez del suceso no le dio tiempo a sorprenderse. Ninguna cosa podía sorprenderle en aquel momento. Ya cerrado el boquete, el aire volvió a llenar el traje en un instante. Y la sangre, que había brotado con tanta facilidad, quedó comprimida cuando Hollis apretó aún más el nudo, hasta convertirlo en un torniquete.
Todo esto había sucedido en medio de un terrible silencio por parte de Hollis. Los otros hombres conversaban. Uno de ellos, Lespere, hablaba sin cesar de su mujer de Marte, de su mujer venusiana, de su mujer de Júpiter, de su dinero, sus buenos tiempos, sus borracheras, su afición al juego, su felicidad... Hablaba y hablaba, mientras todos caían. Lespere, feliz, recordaba el pasado mientras se precipitaba a la muerte.
¡Todo era tan raro! Espacio, miles de kilómetros de espacio, y voces vibrando en su centro. Ningún hombre al alcance de la vista, sólo las ondas de radio se agitaban tratando de emocionar a otros hombres.
-¿Estás enfadado, Hollis?
-No.
Y no lo estaba. Había recuperado la serenidad. Era una masa insensible, cayendo para siempre hacia ninguna parte.
-Durante toda tu vida quisiste llegar a la cumbre, Hollis. Y yo lo impedí. Siempre quisiste saber lo que había ocurrido. Bien, voté contra ti antes de que me despidieran a mí también.
-No tiene importancia.
Y no la tenía. Todo había terminado. Cuando la vida llega a su fin es como un intenso resplandor. Un instante en el que todos los prejuicios y pasiones se condensan e iluminan en el espacio, antes de que se pueda decir una sola palabra. Hubo un día feliz y otro desdichado, hubo un rostro perverso y otro bondadoso... El resplandor se apaga y se hace la oscuridad.
Hollis pensó en su pasado. Al borde de la muerte, una sola cosa le atormentaba y por ella, únicamente por ella, deseaba seguir viviendo. ¿Sentirían lo mismo sus compañeros de agonía? ¿Tendrían aquella sensación de no haber vivido nunca? ¿Pensarían, como él, que la vida surge y muere antes de poder respirar una vez? ¿Les parecería a todos tan abrupta e imposible, o sólo a él, aquí, ahora, con escasas horas para meditar?
Uno de los otros hombros estaba hablando.
-Bueno, yo viví bien. Tuve una esposa en Marte, otra en Venus y otra en Júpiter. Todas tenían dinero y se portaron muy bien conmigo. Fue maravilloso. Me emborrachaba, y hasta una vez gané veinte mil dólares en el juego.
"Pero ahora estás aquí -pensó Hollis-. Yo no tuve nada de eso. Tenía celos de ti, Lespere. En pleno trabajo envidiaba tus mujeres y tus juergas. Las mujeres me asustaban y huía al espacio, siempre deseándolas, siempre celoso de ti por tenerlas, por tu dinero, por toda la felicidad que podías conseguir con aquella vida alocada. Pero ahora se acabó todo, caemos. Ya no tengo celos de ti. Es mi final y el tuyo y todo parece no haber sucedido nunca."
Hollis levantó el rostro y gritó por la radio:
-¡Todo ha terminado, Lespere!
Silencio.
-¡Como si nunca hubiese ocurrido, Lespere!
-¿Quién habla? -preguntó Lespere temblorosamente.
-Soy Hollis.
Se sintió miserable. Era la mezquindad, la absurda mezquindad de la muerte. Applegate le había herido y él, Hollis, quería herir a otro. Applegate y el espacio le habían herido.
-Ahora estás aquí, Lespere. Todo ha terminado, como si nunca hubiera sucedido, ¿no es cierto?
-No.
-Cuando llega el final, todo parece no haber ocurrido nunca. ¿Es mejor tu vida que la mía, ahora? Antes, sí, ¿y ahora? El presente es lo que cuenta. ¿Es mejor? ¿Lo es?
-¡Sí, es mejor!
-¿Por qué?
-Porque conservo mis pensamientos, ¡porque recuerdo! -gritó Lespere, muy lejos, indignado, apretando los recuerdos a su pecho con ambas manos.
Y estaba en lo cierto. Hollis lo comprendió mientras una sensación fría como el hielo fluía por todo su cuerpo. Existían diferencias entre los recuerdos y los sueños. A él sólo le quedaban los sueños de las cosas que había deseado hacer, pero Lespere recordaba cosas hechas, consumadas. Este pensamiento empezó a desgarrar a Hollis con una precisión lenta, temblorosa.
-¿Y para qué te sirve eso? -gritó a Lespere-. ¿De qué te sirve ahora? Lo que llega a su fin ya no sirve para nada. No estás mejor que yo.
-Estoy tranquilo -contestó Lespere-. Tuve mi oportunidad. Y ahora no me vuelvo perverso, como tú.
-¿Perverso?
Hollis meditó. Nunca, en toda su vida, había sido perverso. Nunca se había atrevido a serlo. Durante muchos años debió de haber estado guardando su perversidad para una ocasión como la actual. "Perverso". La palabra martilleó en su mente. Se le saltaron las lágrimas y resbalaron por su cara.
-Cálmate, Hollis.
Alguien había escuchado su voz sofocada.
Era completamente ridículo. Tan sólo un momento antes, había estado aconsejando a otros, a Stimson... Había sentido coraje y creído que era auténtico. Pero, ahora lo comprendía, no se trataba más que de conmoción, y de la "serenidad", que puede acompañarla. Y ahora trataba de condensar toda una vida de emociones reprimidas en un intervalo de minutos.
-Sé lo que sientes, Hollis -dijo Lespere, ya a treinta mil kilómetros de distancia, con una voz cada vez más apagada-. No me has ofendido.
"Pero, ¿no somos iguales? -se preguntó un aturdido Hollis-. ¿Lespere y yo? ¿Aquí, ahora? Si algo ha terminado, ya está hecho. ¿Qué tiene de bueno, entonces? Los dos moriremos, de una forma o de otra."
Pero Hollis sabía que todo aquello era puro raciocinio. Era como intentar explicar la diferencia entre un hombre vivo y un cadáver: uno poseía una chispa, un aura, un elemento misterioso, y el otro no.
Y lo mismo ocurría con Lespere y él. Lespere había vivido enteramente, y ello le convertía ahora en un hombre diferente. Y él, Hollis, había estado muerto durante muchos años. Se acercaban a la muerte siguiendo distintos caminos y, con toda probabilidad, si existieran varios tipos de muertes, el de Lespere y el suyo serían tan diferentes como la noche y el día. La cualidad de la muerte, como la de la vida, debe ser de una variedad infinita. Y si uno ya ha muerto una vez, ¿por qué preocuparse de morir para siempre, tal como estaba muriendo él ahora?
Un momento después descubrió que su pie derecho había desaparecido. Estuvo a punto de reír. El aire por segunda vez había escapado de su traje. Se inclinó rápidamente y vio salir la sangre. El meteorito había cortado la carne y el traje hasta el tobillo. Oh, la muerte en el espacio era humorística: te despedaza poco a poco, cual tétrico e invisible carnicero. Hollis apretó la válvula de la rodilla. Sentía dolor y mareo. Luchó por no perder la conciencia, apretó más la válvula y contuvo la sangre, conservando el aire que le quedaba. Se enderezó y prosiguió su caída. No podía hacer más.
-¿Hollis?
Hollis respondió cansinamente, harto de aguardar la muerte.
-Aquí Applegate de nuevo -dijo la voz.
-Sí.
-He estado pensando, y escuchándote. Esto no va bien. Nos convierte en perversos. Es una forma de morir muy mala, nos saca toda la maldad que llevamos dentro. Hollis, ¿me escuchas?
-Sí
-Te mentí. Hace un momento. Te mentí. No voté contra ti. No sé por qué lo dije. Creo que deseaba hacerte daño. Parecías el más indicado. Siempre nos hemos peleado, Hollis. Creo que me estoy haciendo viejo de repente, arrepintiéndome. Cuando oí que tú eras un perverso me avergoncé. Es igual, quiero que sepas que yo también fui un idiota. No hay ni pizca de verdad en todo lo que dije. Y vete al infierno.
Hollis sintió que su corazón volvía a latir. Había estado parado durante cinco minutos. Ahora, todos sus miembros recuperaron el calor. La conmoción había terminado, y los sucesivos ataques de cólera, terror y soledad iban disipándose. Era un hombre recién salido de una ducha fría matutina, listo para desayunar y enfrentarse a un nuevo día.
-Gracias, Applegate.
-No hay de qué. Y anímate, bobo.
-¿Dónde está Stimson? ¿Cómo se encuentra?
-¿Stimson?
Todos escuchaban atentamente:
-Debe de haber muerto.
-No lo creo. ¡Stimson!
Volvieron a escuchar.
Y oyeron una respiración dificultosa, lejana, lenta...
-Es él. Escuchad.
-¡Stimson!
Nadie respondió.
Sólo podían oír una respiración lenta y bronca.
-No contestará.
-Ha perdido el conocimiento. Dios lo ayude.
-Es él, escuchen.
Una respiración apenas audible, el silencio.
-Está encerrado como una almeja. Encerrado en sí mismo, haciendo una perla. Considérenlo así, todo tiene su poesía. Él es más feliz que nosotros.
Stimson flotaba en la lejanía. Todas lo escucharon.
-¡Eh! -dijo Stone.
-¿Qué?
Hollis había contestado con toda su fuerza. Stone, más que ningún otro, era un buen amigo.
-Estoy entre un enjambre de meteoritos, pequeños asteroides.
-¿Meteoritos?
-Creo que es el grupo de Mirmidón, que se desplaza entre Marte y la Tierra y tarda cien años en recorrer su órbita. Me encuentro justo en el medio. Es como un calidoscopio gigante. Hay colores, formas y tamaños de todos los tipos. ¡Dios mío, qué hermoso es todo esto!
Silencio.
-Me voy con ellos -prosiguió Stone-. Me llevan con ellos. Estoy condenado. -Y se rió de buena gana.
Hollis trató de ver algo, pero sin conseguirlo. Allí sólo había las grandes joyas del espacio, los diamantes, los zafiros, las nieblas de esmeraldas y las tintas de terciopelo del espacio, y la voz de Dios confundiéndose entre los resplandores cristalinos. Era algo increíble y maravilloso pensar en Stone acompañando al enjambre de meteoritos. Iría más allá de Marte y volvería a la Tierra cada cinco años. Entraría y saldría de las órbitas de los planetas durante las siguientes miles y miles de años. Stone y el enjambre de Mirmidón, eternos e infinitos, girarían y se modelarían como los colores del calidoscopio de un niño cuando éste levanta el tubo hacia el sol y lo va girando.
-Adiós, Hollis. -La voz de Stone, ya muy debilitada-. Adiós.
-Buena suerte -gritó Hollis, a cincuenta mil kilómetros de distancia.
-No te hagas el gracioso -dijo Stone.
Silencio. Las estrellas se unían más y más entre ellas.
Todas las voces iban apagándose. Todas y cada una seguían su propia ruta; unas hacia el Sol, otras hacia el espacio remoto. Como el mismo Hollis. Miró hacia abajo. Él, y sólo él, volvía solitario a la Tierra.
-Adiós.
-Tómatelo con calma.
-Adiós, Hollis -dijo Applegate.
Adioses innumerables, despedidas breves. El gran cerebro, extraviado, se desintegraba. Los componentes de aquel cerebro, que habían trabajado con eficiencia y perfección dentro de la caja craneal de la nave espacial, cuando ésta aún surcaba el espacio, morían uno a uno. Todo el significado de sus vidas saltaba hecho añicos. Igual que el cuerpo muere cuando el cerebro deja de funcionar, el espíritu de la nave, todo el tiempo que habían pasado juntos, lo que los unos significaban para los otros, todo eso moría. Applegate ya no era más que un dedo arrancado del cuerpo paterno, ya nunca más sería motivo de desprecio o intrigas. El cerebro había estallado y sus fragmentos inútiles, faltos de misión que cumplir, se desperdigaban. Las voces desaparecieron y el espacio quedó en silencio. Hollis estaba solo, cayendo.
Todos estaban solos. Sus voces se habían desvanecido como los ecos de palabras divinas vibrando en el cielo estrellado. El capitán marchaba hacia el Sol. Stone se alejaba entre la nube de meteoritos, y Stimson, encerrado en sí mismo. Applegate iba hacia Plutón. Smith, Turner, Underwood... Los restos del calidoscopio, las piezas de lo que otrora fue algo coherente, se esparcían por el espacio.
"¿Y yo? -pensó Hollis-. ¿Qué puedo hacer?. ¿Puedo hacer algo para compensar una vida terrible y vacía? Si pudiera hacer algo para reparar la mezquindad de todos estos años, el absurdo del que ni siquiera me daba cuenta... Pero no hay nadie aquí. Estoy solo. ¿Cómo hacer algo que valga la pena cuando se está solo? Es imposible. Mañana por la noche me estrellaré contra la atmósfera de la Tierra. Arderé, y mis cenizas se esparcirán por todos los continentes. Seré útil. Sólo un poco, pero las cenizas son cenizas y se mezclarán con la tierra."
Caía rápidamente, como una bala, como un guijarro, como una pesa metálica. Sereno, ni triste ni feliz... Lo único que deseaba, cuando todos los demás se habían ido, era hacer algo válido, algo que sólo él sabría.
"Cuando entre en la atmósfera, arderé como un meteoro."
-Me pregunto si alguien me verá -dijo en voz alta.
Desde un camino, un niño alzó la vista hacia el cielo.
-¡Mira, mamá! ¡Mira! -gritó-. ¡Una estrella fugaz!
La estrella blanca, resplandeciente, caía en el polvoriento cielo de Illinois.
-Pide un deseo -dijo la madre del niño-. Pide un deseo.
sábado, mayo 19, 2007
SUSURU y La Vida de los Otros
Quien escucha "apassionatta" de Beethoven, no deja de ser jamás un hombre bueno.
Quien por sus acciones recibe un tributo silencioso, unas palabras como prólogo de un texto titulado "Sonata para un hombre bueno", habrá recibido el mejor regalo de Amor que puede recibir un hombre. El reconocimiento a su valor, entregado en actos de amor. Nada más ni nada menos. Cada acto, cada emoción sentida y transmitida construye una historia difícil de ser olvidada por quien es sensible a las cosas más sencillas de la vida y a la vez más valiosas, porque se trata de la VIDA MISMA.
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