La existencia es tan sólo una mezcla extraña
De finales y principios.
Mi niñez transcurría en una casa chorizo construida con algo de cemento, madera y mucha chapa. Siempre me hicieron notar que no era mía. Era la casa de mi abuelo que, a cinco años de morir mi abuela, se había casado con una italiana rústica que salía a colgar las sábanas enfundada en tapado de piel y pulseras de oro
No habiendo cuartos suficientes, yo no sólo compartía el dormitorio con mis padres, sino que además tuve que compartir mi cama con mi única hermana, cuatro años menor que yo.
Nos acostaban en forma invertida para aprovechar mejor el espacio. Su cabeza quedaba a la altura de mis pies.
Evoco hoy ese espacio como el lugar de las carencias, de los límites, que imponía la presencia del cuerpo de mi hermana. Un espacio que por más de tres años me había pertenecido sólo a mí.
En esa cama, yo jugaba, saltaba, cantaba, hacía piruetas…....hasta…..hasta que fuimos dos las que tuvimos que ocupar el mismo lugar…..¿Qué lugar? Sólo escasez para repartir.
Con los años me fui dando cuenta de la fuerte carga afectiva que significó para mí compartir algo de mi privacidad: mi propia cama. Manchas, fragancias, y pálidos colores habitaron mi cuerpo.
Con estas vivencias comencé a construir mi imagen que se iba revistiendo de costras duras de piel, , para no sentir, para no dar permiso de entrada al goce.
Aparecía ya en aquel momento en forma no conciente la capacidad de transformar, soportar y saltar obstáculos.
Así fui creciendo...Cuanto más grande fue la herida, más gruesa se hizo la coraza....hasta que un día, después de muchos, muchísimos años comencé a llorar como un bebé.
Desde entonces, por las noches,
Me gusta oír las estrellas,
Son como quinientos millones
De cascabeles…………(*)
Saint-Exupery(*)
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cualquier parecido a la realidad es pura coincidencia