Dicen que hablar no cuesta nada. Parece infalible la sentencia. Se cae la boca con el grito, pesan las palabras como
trenes frenéticos que atropellan las noches, el compás del corazón, la forma de peinarse. Alguien pronuncia dos palabras y se desploma el paisaje en la ventana, deja de salir el agua por el grifo o sale con desgano, sin sed que la recoja. Dices adiós y algo se quiebra, puede ser el espejo o su imagen, alguna cosa que guardabas, la secreta esperanza de un algo impronunciable, su cobarde mudez. Podríamos andar ligeros de voz y de preguntas, dos o tres dudas como globos que estallan sin ruido, sin misterio. Pero las palabras se cargan de sal y de sonidos llegan a pesar tanto que un día nos matan de memoria, de silencio, qué le vamos a hacer, si estamos más hechos de palabras que de huesos y hablar nos cuesta todo.
Quién puede asegurar lo que asevera la poetisa en el último tramo con ese revelador: "y hablar nos cuesta todo"???
Será algunas veces??? Será siempre??? Alguna vez les sucedió??? Y cuando precisa que nos cuesta todo: a qué podremos atribuírle como todo? ¿Qué es todo?,: la juventud, la adultez, la profesión, la amistad, el amor, la vida...?
Sigo pensando.....¿Me pueden ayudar con sus pensamientos o sentimientos???
Prometo responderles desde mí. Susuru




